EL ATAQUE DE TRUMP A VENEZUELA ES ILEGAL E IMPRUDENTE
El
Comité Editorial está conformado por un grupo de periodistas de opinión cuyos
puntos de vista se basan en su experiencia, investigación, debates y unos valores muy
arraigados. Es independiente de la sala de redacción.
En
los últimos meses, el presidente Trump ha desplegado una imponente fuerza
militar en el Caribe para amenazar a Venezuela. Hasta ahora, el presidente de
Estados Unidos había utilizado esa fuerza —un portaaviones, al menos otros
siete buques de guerra, decenas de aviones y 15.000 soldados estadounidenses—
en ataques ilegales contra pequeñas embarcaciones que, él afirma, transportaban
drogas. Este fin de semana, Trump intensificó drásticamente su campaña al capturar
al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, como parte de lo que denominó
“un ataque a gran escala” contra el país.
Pocas
personas sentirán simpatía por Maduro. Es antidemocrático y represivo,
y ha desestabilizado el hemisferio occidental en los últimos años. Naciones
Unidas publicó recientemente un informe en el que se detallan más de
una década de asesinatos, torturas, violencia sexual y detenciones arbitrarias
por parte de sus agentes contra sus oponentes políticos. Se robó las elecciones
presidenciales de Venezuela el año pasado. Ha alimentado perturbaciones
económicas y políticas en toda la región al instigar un éxodo de casi ocho
millones de migrantes.
Sin
embargo, si existe una lección primordial de las relaciones internacionales
estadounidenses del siglo pasado, es que intentar derrocar incluso al régimen
más deplorable puede empeorar las cosas. Estados Unidos pasó 20 años sin
conseguir crear un gobierno estable en Afganistán y sustituyó una dictadura en
Libia por un Estado fracturado. Las consecuencias trágicas de la guerra de 2003
en Irak siguen persiguiendo a Estados Unidos y al Medio Oriente. Quizá lo más
relevante sea el hecho de que Estados Unidos ha desestabilizado esporádicamente
países latinoamericanos, como Chile, Cuba, Guatemala y Nicaragua, intentando
derrocar a un gobierno por la fuerza.
Trump
aún no ha ofrecido una explicación coherente de sus acciones en Venezuela. Está
empujando a nuestro país hacia una crisis internacional sin razones válidas. Si
Trump quiere argumentar lo contrario, la Constitución establece lo que debe
hacer: acudir al Congreso. Sin la aprobación del Congreso, sus acciones violan
la ley de Estados Unidos.
La
justificación nominal del aventurerismo militar del
gobierno es destruir a los “narcoterroristas”. A lo largo de la historia, los
gobiernos han calificado de terroristas a los dirigentes de naciones rivales,
tratando de justificar las incursiones militares como operaciones policiales.
La afirmación es especialmente ridícula en este caso, dado que Venezuela no
es un productor significativo de fentanilo ni de las otras drogas que han
dominado la reciente epidemia de sobredosis en Estados Unidos, y la cocaína que
sí produce fluye principalmente a Europa. Mientras Trump ha estado atacando a
las embarcaciones venezolanas, también indultó a Juan Orlando Hernández,
quien dirigió una extensa operación de narcotráfico cuando fue presidente de
Honduras de 2014 a 2022.
Una
explicación más plausible de los ataques a Venezuela puede encontrarse, en
cambio, en la recientemente publicada Estrategia de Seguridad
Nacional de Trump. En ella se reivindica el derecho a dominar Latinoamérica: “Tras años de abandono, Estados Unidos
reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la
preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”. En lo que el
documento denominó el “Corolario Trump”, el gobierno prometió redesplegar
fuerzas de todo el mundo en la región, detener a los traficantes en alta mar,
utilizar la fuerza letal contra migrantes y narcotraficantes y, potencialmente,
instalar más soldados estadounidenses en la región.
Al
parecer, Venezuela se ha convertido en el primer país sometido a este
imperialismo de los últimos tiempos, y representa un enfoque peligroso e ilegal
del lugar de Estados Unidos en el mundo. Al proceder sin ningún atisbo de
legitimidad internacional, autoridad legal válida o respaldo nacional, Trump se
arriesga a dar una justificación a los autoritarios de China, Rusia y otros
países que quieren dominar a sus propios vecinos. De forma más inmediata,
amenaza con reproducir la arrogancia estadounidense que condujo a la invasión
de Irak en 2003.
Como
candidato presidencial, Trump parecía reconocer los problemas de la
extralimitación militar. En 2016, fue el único político republicano que
denunció la insensatez de la guerra de Irak del presidente George W. Bush. En
2024, dijo: “No voy a empezar una guerra. Voy a detener guerras”.
Ahora
está abandonando este principio, y lo está haciendo de manera ilegal. La
Constitución exige que el Congreso apruebe cualquier acto de guerra. Sí, los
presidentes a menudo sobrepasan los límites de esta ley. Pero incluso Bush
buscó y recibió el respaldo del Congreso para su invasión de Irak, y los
presidentes desde Bush han justificado su uso de ataques con drones contra
grupos terroristas y sus partidarios con una ley de 2001 que autorizó la acción
tras los atentados del 11 de septiembre. Trump no tiene ni siquiera un pretexto
de autoridad legal para validar sus ataques contra Venezuela.
Los
debates del Congreso sobre la acción militar desempeñan un papel democrático
crucial. Detienen el aventurerismo militar obligando al presidente a justificar
sus planes de ataque ante la opinión pública y exigiendo a los miembros del
Congreso que vinculen su propia credibilidad a esos planes. Durante años, tras
la votación sobre la guerra de Irak, los demócratas que apoyaron a Bush,
incluidos Hillary Clinton y John Kerry, pagaron un precio político, mientras
que quienes criticaron la guerra, como Bernie Sanders y Barack Obama, llegaron
a ser considerados proféticos.
En
el caso de Venezuela, un debate en el Congreso pondría al descubierto la
fragilidad de la lógica de Trump. Su gobierno ha justificado sus ataques contra
las pequeñas embarcaciones alegando que suponen una amenaza inmediata para
Estados Unidos. Pero un grupo variado de expertos jurídicos y militares han
rechazado esta afirmación, y el sentido común también la refuta. Un intento de
introducir drogas de contrabando en Estados Unidos —si es que, de hecho, todas
las embarcaciones lo estaban haciendo— no es un intento de derrocar al gobierno
o derrotar a su ejército.
Sospechamos
que Trump se ha negado a solicitar la aprobación del Congreso para sus
acciones, en parte porque sabe que incluso algunos republicanos del Congreso
son profundamente escépticos sobre la dirección que está llevando a este país.
Los senadores Rand Paul y Lisa Murkowski y los representantes Don Bacon y
Thomas Massie —todos ellos republicanos— ya han respaldado legislaciones que
limitarían las acciones militares de Trump contra Venezuela.
Un
segundo argumento contra los ataques de Trump a Venezuela es que violan el
derecho internacional. Al bombardear las pequeñas embarcaciones que Trump dice
que trafican con drogas, ha matado a personas basándose en la mera sospecha de
que han cometido un delito y no les ha dado ninguna oportunidad de defenderse.
Las Convenios de Ginebra de 1949 y todos los principales tratados de derechos
humanos posteriores prohíben este tipo de ejecuciones extrajudiciales. También
lo hace la legislación estadounidense.
El
gobierno parece haber matado a personas indefensas. En un ataque, la Marina
realizó un segundo ataque contra una embarcación ya destruida, unos 40 minutos
después del primer ataque, matando a dos marineros que se aferraban a los
restos de la embarcación y no parecían representar ninguna amenaza. Como ha
escrito nuestro colega David French, exabogado del ejército
estadounidense: “Lo que separa la guerra del asesinato es la ley”.
Los
argumentos jurídicos contra las acciones de Trump son
los más importantes, pero también existe un argumento realista si se ve con
analíticamente. No son del interés de la seguridad nacional de Estados Unidos.
Lo más parecido a una analogía alentadora es la invasión de Panamá por el
presidente George H. W. Bush hace 36 años este mes, que expulsó del poder al
dictador Manuel Noriega y ayudó a encaminar a Panamá hacia la democracia. Sin
embargo, Venezuela es diferente en aspectos importantes. Panamá es un país
mucho más pequeño, y fue un país en el que funcionarios y soldados
estadounidenses habían operado durante décadas debido al canal de Panamá.
El
potencial de caos en Venezuela parece mucho mayor. A pesar de la captura de
Maduro, los generales que han apuntalado su régimen no desaparecerán de
repente. Tampoco es probable que entreguen el poder a María Corina Machado, la
figura de la oposición cuyo movimiento parece haber ganado las últimas
elecciones del país y quien aceptó el Premio Nobel de la Paz el mes pasado.
Entre
las posibles consecuencias negativas está la posibilidad de un aumento de la
violencia por parte del grupo militar colombiano de izquierda ELN, que tiene un
punto de apoyo en la zona occidental de Venezuela, o por parte de los grupos
paramilitares conocidos como “colectivos” que han operado en la periferia del
poder bajo la dictadura de Maduro. Nuevos disturbios en Venezuela podrían
desestabilizar los mercados mundiales de la energía y los alimentos y empujar a
más migrantes por todo el hemisferio.
Entonces,
¿cómo debe abordar Estados Unidos el continuo problema que significa Venezuela
para la región y los intereses estadounidenses? Compartimos las esperanzas de
los venezolanos desesperados, algunos de los cuales han defendido la
intervención. Pero no hay respuestas fáciles. A estas alturas, el mundo debería
comprender los riesgos de un cambio de régimen.
Mantendremos
la esperanza de que la crisis actual acabe menos mal de lo que esperamos.
Tememos que el resultado del aventurerismo de Trump se traduzca en un mayor
sufrimiento para los venezolanos, un aumento de la inestabilidad regional y un
daño duradero para los intereses de Estados Unidos en todo el mundo. Sabemos
que el belicismo de Trump viola la ley.
Elaborado Por El Comité Editorial del The New York Times
Fuente: https://www.nytimes.com/es/2026/01/03/espanol/opinion/trump-captura-maduro-venezuela.html
Dato: La Doctrina Monroe (2/12/1823, 7mo mensaje del presidente James Monroe al Congreso) "... advertía a las potencias europeas de no interferir en los asuntos del hemisferio occidental..."
Post a Comment